Roma.- En apenas cuatro meses, el mundo de la moda ha dicho adiós a dos de sus grandes maestros: Armani y Valentino. Su pérdida confirma un tránsito generacional que el diseño italiano inició hace años y marca el cierre de la era de los «diseñadores-fundadores» para consolidar un modelo menos personalista y más colectivo.
Más allá del impacto emocional que supone la desaparición de las grandes figuras, el diseño de moda italiano funciona desde hace tiempo con diseñadores tanto consolidados como emergentes que se enfrentan a retos como la velocidad del mercado, la rotación constante de directores creativos o la dificultad de hacerse visibles, según expertos consultados por EFE.
Una transición sin “emperadores”
«Valentino y Armani pertenecen a cuatro generaciones atrás», afirma a EFE Paola Pattacini, directora de la Escuela de Moda del IED Roma. «Después de ellos llegaron Ferré, Versace, luego Piccioli, Chiuri, Michele. El relevo ya ocurrió, y seguirá ocurriendo».
Desde dentro del sector, la transición se lee como un proceso natural y acumulativo, no como una ruptura.
La moda italiana, explica Pattacini, siempre ha avanzado por capas: «en los años ochenta nacieron el ‘prêt-à-porter’ (listo para llevar) y los grandes nombres porque hubo visionarios que apostaron por ellos y les dieron tiempo».
Para Stefania Saviolo, profesora en Estrategia de Moda de la Universidad de Bocconi, el gran reto del sistema es transformar las marcas centradas en sus fundadores en instituciones capaces de competir con los conglomerados globales.
“La dimensión en este negocio es importante y los grupos -aunque sean de tamaño menor, como Zegna o Prada- permiten diversificar riesgos y ganar solidez», señala a EFE.
En este escenario, la autoridad del creador único deja paso a estructuras más colectivas: «Ni el creativo ni el mánager solos pueden sostener un negocio; es el ‘dream team’ (equipo de ensueño) el que marca la diferencia”, añade Saviolo.
Nuevos talentos y retos actuales
El relevo creativo existe, pero se enfrenta a un entorno más exigente: la aceleración del calendario de colecciones, la rotación constante de directores creativos y la presión comercial dificultan la construcción de una visión a largo plazo.
«La creatividad necesita tiempo -opina Pattacini- antes tardábamos meses en diseñar una colección, hoy se produce una al mes».
Aun así, Italia sigue generando diseñadores capaces de reinterpretar su legado, con directores creativos como Pierpaolo Piccioli (Balenciaga), Giambattista Valli, Alessandro Michele (Valentino) o Maria Grazia Chiuri (Fendi), junto a talentos emergentes como Francesco Murano, Marcello Pipitone o Luca Magliano que apuestan por el oficio y el rigor técnico en un mercado dominado por los algoritmos y el marketing.
«Diseñadores hay muchos, el desafío es que encuentren socios que crean en ellos y les permitan crecer», subraya Pattacini.
Para Sonia Veroni, fundadora del archivo Modateca Deanna, el problema de los nuevos talentos «no es la falta de creatividad, sino la dificultad de hacerse visible” en un mercado cada vez más competitivo, señala a EFE.
El ‘saper fare’ como herencia real
La fortaleza de la moda italiana reside en su estructura productiva: alrededor de 60.000 empresas sostienen la cadena de valor del ‘Made in Italy’, desde la investigación textil hasta la confección final, garantizando un ‘saper fare’ (saber hacer) que trasciende a las individualidades.
Veroni insiste en que ese es el verdadero patrimonio de la moda italiana: “si una marca quiere hacer las cosas bien, cualitativa y éticamente, Italia sigue siendo el lugar donde hacerlo”.
Una visión compartida por la profesora Saviolo, quien subraya que “el producto sigue siendo fundamental: no solo la visión estilística, sino también la manufactura, la calidad y la transparencia sobre lo que el consumidor paga”. EFE
Mariana López Alba




