Memoria social: cuando la justicia termina, pero la herida permanece

Por Rosa Escoto

Este 5 de mayo de 2026 no es solo una fecha. Marca el cierre de una condena. Mario José Redondo Llenas recupera su libertad tras cumplir 30 años de prisión por un crimen que estremeció a la República Dominicana.

En términos legales, la justicia ha concluido.

Pero en términos sociales, no.

El asesinato de José Rafael Llenas Aybar no solo arrebató una vida. Rompió algo más profundo: la idea de seguridad, la confianza en lo cercano, la inocencia colectiva de un país.

Quienes hoy tenemos entre 40 y 50 años lo recordamos con claridad. No como una noticia, sino como una sacudida emocional que nos marcó. Fue un punto de quiebre.

Y, en muchos sentidos, también fue una puerta.

Una puerta dolorosa que dejó al descubierto realidades que quizás no queríamos ver: la vulnerabilidad de la niñez, las fallas en la protección, los silencios sociales. A partir de ahí, el país empezó a enfrentar con más crudeza otras historias igual de dolorosas que aún hoy siguen ocurriendo.

Por eso, lo que está en juego ahora no es el hecho jurídico.

Es lo que hacemos con la memoria.

Hoy existe un riesgo que no podemos ignorar: que el horror se convierta en contenido.

No se trata solo de cubrir una noticia. Se trata de evitar que se construya un espectáculo. Que se abra paso a entrevistas, recorridos mediáticos o narrativas que conviertan el dolor en relato consumible. Que se espere, cámara en mano, como si se tratara de un acontecimiento que debe ser visto, comentado y compartido.

Ese tipo de exposición no informa. Distorsiona.

Y en una era donde las redes sociales amplifican todo, el peligro es mayor. Lo que antes quedaba en titulares hoy se convierte en tendencia, en clips, en conversación ligera. El riesgo no es solo informar mal, sino deshumanizar el dolor.

Ese sería el verdadero fracaso.

Porque cuando el sufrimiento se convierte en espectáculo, la herida se reabre. Y peor aún: se banaliza.

La sociedad no está obligada a olvidar. Tampoco a normalizar.

La memoria, en estos casos, no es rencor.
Es límite.
Es advertencia.
Es responsabilidad.

Y también es una forma de proteger hacia adelante.

Porque recordar no es quedarse en el pasado. Es impedir que se repita.

La justicia ha terminado.

La memoria y la deuda con la niñez no.