Prevenir el suicidio también es aprender a observar

Por Dra. Ana Peguero
Médico psiquiatra

El suicidio es un problema de salud pública que no puede abordarse únicamente cuando ocurre una crisis. La prevención comienza mucho antes: observando, escuchando y reconociendo cambios en las personas que forman parte de nuestro entorno familiar, laboral y social.

En República Dominicana existen registros oficiales sobre suicidios y conducta suicida. Sin embargo, todavía enfrentamos un desafío importante: disponer de información suficientemente completa y oportuna sobre las personas en riesgo y los factores asociados que permita intervenir antes de que ocurra un desenlace fatal.

El propio Plan Nacional de Salud Mental ha reconocido el subregistro de la conducta suicida como una limitación, señalando que algunos casos pueden quedar ocultos detrás de la lesión física que lleva al paciente a los servicios de emergencia. Desde 2024, el Ministerio de Salud Pública incorporó la conducta suicida a la lista de eventos de notificación obligatoria del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE), precisamente para fortalecer la detección y respuesta preventiva.

No siempre vamos a notar que algo está ocurriendo

Uno de los mayores desafíos es que una persona con depresión, pensamientos suicidas o un profundo sufrimiento emocional no necesariamente lo demuestra abiertamente. Puede continuar trabajando, relacionándose con otras personas y cumpliendo aparentemente con sus responsabilidades.

Por eso debemos aprender a observar cambios en el estado de ánimo, las conductas y los hábitos, especialmente cuando conocemos que esa persona atraviesa una situación de alto estrés.

Problemas económicos, de pareja, laborales o familiares; desempleo, deudas, duelo, enfermedad y otras crisis personales pueden incrementar la vulnerabilidad emocional. Esto no significa que una persona sometida a estas situaciones vaya a desarrollar una conducta suicida, pero sí que puede necesitar mayor acompañamiento.

En la familia y en el trabajo podemos notar aislamiento repentino, irritabilidad, tristeza persistente, pérdida de interés, cambios importantes en el sueño o la alimentación, descuido personal, ausencias laborales, disminución del rendimiento o expresiones de desesperanza. Lo importante no es interpretar una señal aislada, sino identificar cambios respecto al comportamiento habitual de esa persona.

Del registro al seguimiento de la persona en riesgo

Necesitamos avanzar hacia sistemas que permitan no solo contabilizar las muertes por suicidio, sino identificar y dar seguimiento a las personas que presentan depresión, ideación o pensamientos suicidas e intentos previos.

Existen experiencias internacionales que pueden servir para estudiar modelos de intervención más cercanos al paciente. En Cuba, por ejemplo, el abordaje de la conducta suicida desde la atención primaria ha sido una referencia que merece ser analizada, particularmente por la importancia que concede al seguimiento del paciente y su entorno.

Un modelo preventivo efectivo debe permitir conocer también el contexto en el que vive la persona. El hogar y la familia suelen constituir una de sus principales redes de apoyo, pero es necesario evaluar cómo funciona realmente ese entorno.

El seguimiento permite además conocer si el paciente mantiene adherencia a la medicación prescrita, asiste a psicoterapia y consultas psiquiátricas y cuenta con una red de apoyo que pueda reconocer cambios o alertar ante una nueva crisis.

Familia y compañeros de trabajo pueden hacer la diferencia

No necesitamos ser profesionales de salud mental para preguntar: “Te noto diferente, ¿cómo te estás sintiendo?” o “¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?”.

Escuchar sin juzgar, evitar minimizar el sufrimiento, mantener el contacto y facilitar asistencia profesional son acciones de prevención.

Cuando existe una preocupación fundada, también se puede preguntar directamente si la persona ha pensado en hacerse daño o suicidarse. Y cuando expresa intención suicida o existe peligro inmediato, no debe quedarse sola: requiere evaluación profesional urgente.

Prevenir el suicidio implica pasar de reaccionar ante una tragedia a identificar el riesgo antes de que ocurra. Para lograrlo necesitamos mejores registros, seguimiento continuo, atención de salud mental accesible y, sobre todo, familias, compañeros de trabajo y comunidades capaces de observar, escuchar y acompañar.